LOS ERRORES MÁS COMUNES EN UN NEGOCIO FAMILIAR

Boss using laptop

Un negocio familiar se puede ver como una gran oportunidad. Heredar una empresa de éxito suele suponer adquirir también sus clientes y unas cuentas favorables. Sin embargo, su gestión puede ser un problema si no tenemos los conocimientos necesarios para desempeñar las funciones de dirección. Según varios expertos en economía de empresa, aproximadamente el 80% de las compañías no superan la tercera generación.

Hablamos de una empresa familiar cuando la familia es la propietaria del negocio y desempeña las funciones directivas y ejecutivas. Para que la empresa tenga continuidad es necesario que la transición de generación a generación se haga de manera correcta. El cambio de presidencia de una empresa no es una cosa sencilla, requiere de mucho tiempo para que la persona que se va a hacer con la dirección tenga los conocimientos necesarios para desempeñar bien su trabajo. Lo idóneo es que la transición se haga diez años antes de que la máxima autoridad deje el puesto, es decir, es ideal que se haga poco a poco para que la persona entrante conozca todos los entresijos, y pueda tantear el terreno.

Estos son los principales errores que se cometen en las empresas familiares.

1.) Empresas muy personalistas. Uno de los principales problemas que surgen a la hora de traspasar la presidencia de una empresa es el escaso conocimiento de la misma por parte del sucesor. Esto pasa, a menudo, cuando la empresa es gestionada principalmente por una persona hermética, que no delega y que concentra toda la gestión, sin mostrarle a los demás el día a día de su trabajo. Es importante contar con gente de confianza que conozca el negocio y sepa su funcionamiento.

2.) Sucesor no preparado. Va íntimamente ligada a la anterior. Como no sabemos cuándo va a ser necesario el traspaso de poderes, el sucesor tiene que estar listo para actuar. Deberá tener conocimientos amplios sobre el negocio, desde el estado de las cuentas hasta los proveedores y el número de trabajadores.

3.) No confundir propiedad con gestión. No es lo mismo ser presidente que director; se pueden ejercer ambos cargos pero no necesariamente. El número uno de la compañía no tiene por qué ser quien hace las cuentas o paga las nóminas. Las funciones han de estar muy bien definidas. La separación de poderes profesionalizará la empresa y la llevará por buen camino.

4.) Puestos de trabajo innecesarios. Es otro de los errores más comunes. Una empresa familiar es un negocio, no una empresa de contratación. El objetivo es hacerla crecer y conseguir los mejores resultados. Tan malo es crear puestos innecesarios para dar trabajo a la familia como despedir a trabajadores válidos para buscar huecos a hijos, primos, sobrinos y amigos. Tenemos que ser estrictos. Los contratos deben hacerse solo a los familiares que lo merezcan y que sean competentes.

5.) Falta de profesionalización. Puede suceder que la persona que va a quedarse con la empresa no sepa nada del negocio, que esté poco preparada o que sencillamente no sepa gestionarla. En las empresas familiares es común pretender que un hijo o un sobrino coja las riendas sin cuestionarnos si es la persona adecuada. Existe la creencia de que es preferible que las cosas queden en casa, aunque en realidad eso puede ser un error. No debemos dejarnos llevar por lazos afectivos ni por la consanguinidad, sino que tenemos que tener un proyecto sólido para que la entidad continúe con quien esté más preparado. De no hacerlo así, podemos perder la credibilidad de cara a los empleados.

6.) Mezclar vida laboral con profesional. Es uno de los principales conflictos en las empresas familiares. Debemos evitar conversaciones laborales en el ámbito familiar, nada de hablar de trabajo tanto si los resultados son buenos como si son malos, porque no desconectamos. Si no lo hacemos podemos llegar a tener muchos problemas porque una empresa sufre muchos altibajos. Hay que diferenciar las dos facetas; será bueno para nuestra salud mental.

7.) No contar con una asesoría externa. En ocasiones viene bien considerar la opinión de una tercera persona que sea ajena a la compañía y que evalúe los problemas con la cabeza fría. Contar con una asesoría y gestoría externas ayudará a ver las cosas más claras y actuar sin dejarnos llevar por las emociones. Una opinión experta externa nos puede ayudar a resolver conflictos y a tomar decisiones que desde dentro son difíciles de desbloquear, dado que tenemos lazos afectivos, y somos subjetivos. Puede se una manera de evitar el conflicto.

Empresas familiares que superaron la tercera generación

Hay sagas familiares que han sobrevivido a la ‘maldición’ de la tercera generación. Víctor Grifols delegó todas las funciones de la compañía farmacéutica a su hermano y a su hijo, en 2016. Dejó de liderarla a los 67 años, la misma edad que tenía su padre cuando se la cedió a él. Lejos de ser un problema, Grifols sigue siendo una de las empresas más importantes de nuestro país y en la actualidad está dentro del índice Ibex 35. Otro ejemplo de tercera generación potente es el de Emiliano Suarez. Es el número uno de las joyerías Suarez y encarna la tercera generación de una familia dedicada al mundo de las joyas. Cogió las riendas del negocio en un momento complicado y lo reflotó, entre otras cosas, tras lanzar Aristocrazy, la línea más joven y low cost de la marca.

Para evitar los errores más comunes de las empresas familiares es importante que la persona que vaya a ponerse enfrente de la entidad esté preparada. Además, tiene que conocer a fondo el negocio y también dejarse aconsejar. Las familias que trabajan juntas deben separar la vida personal de la profesional, los negocios pasan por muchas fases y una mala época puede lastrar la relación afectiva.

 

Cristina Puebla (El Economista)

2019-09-09T11:18:17-03:00