ALGUN DÍA, HIJO…

¿Por qué las huellas de los gigantes parecen achicar a quienes tratan de seguirlas? ¿Por qué el aprendiz se siente presionado a mediarse con ellas, cuando para lo que están es sólo para indicar una dirección o tendencia general?

Un empresario al que conozco muy bien, ha sido honrado recientemente por su comunidad por sus años de trabajo ayudando a las artes y prestando servicios de beneficencia.

Recuerdo haber leído el informe que se preparó sobre él, describiendo las cosas maravillosas que había hecho.

Él es un hombre talentoso con una cálida y generosa personalidad. Me siento honrado de ser su amigo.

Pero mientras leía el informe que describía virtudes tras virtudes, empecé a pensar en sus hijos, particularmente en los varones, quienes son los sucesores de su empresa.

El trabajo a cumplir por ellos no es sencillo.

La presión que ellos sienten es imitar sus cualidades y forma de actuar, sin mostrar sus debilidades.

Las debilidades de Papá son probablemente el polo opuesto a sus fuerzas.

Esperar que las fuerzas de Papá se vean mermadas para ser capaz de hacer lo que uno quiera, es como esperar que un imán tenga un solo polo.

Ante esto la respuesta del sucesor es habitualmente la frustración.

Esta frustración toma muchas formas; habitualmente el hijo/a expresa desagrado por la empresa como si no fuera realmente importante para ellos.

A veces, en medio de su confusión y decepción, ellos se niegan a aceptar la empresa. Por otra parte, los valores del padre les parecen ridículos y a veces hasta destructivos.

Ocasionalmente, ellos se convierten en líderes de revueltas de palacio, ansiando sobrepasar y cambiar lo que no pueden comprender.

Una reacción más pacifista, pero igual de común, puede ser una pérdida de fuerza en el manejo o en la confianza en sí mismos. Lo que parecía imposible de obtener se convierte en realmente imposible de hacer.

Entrar en los zapatos de otros es indeseable y tan desagradable como compartir la piel.

Pero esto tiene que ser explicado, y nadie va a hacerlo mejor que aquellos que son los supuestos “héroes”.

 

Las tentaciones de aceptar el aplauso del mundo y de empezar a creer en la propia perfección son grandes.

Después de esto, la conclusión natural es que nuestros hijos no pueden hacer nada mejor que venir detrás nuestro y ser siempre pequeñas copias carbónicas. Ocurre comúnmente así, (y es casualmente destructivo).

Yo recuerdo un joven que conocí en uno de los Seminarios para hijos de Empresarios algunos años atrás. Él me decía que era imposible suceder a su padre.

Yo traté de decirle que sucesión no significa “hacer la copia” de lo que hizo su padre, sino que significa aprender de sus fuerzas y poder construir la propia a partir de sus logros, pero él seguía negando con la cabeza.

“Dígale eso al mundo pero no a mí”, me dijo “Papá hizo la Empresa, entonces todo el mundo olvidó sus errores. Yo no la hice, entonces se espera de mí que haga todo lo que él hace bien, sin que se me perdone mis errores”.

El joven estaba terminantemente influido, casi aplastado, por la reputación de su padre.

La reputación, el qué dirán, es algo muy poderoso, y lleva a personas a algunas conclusiones muy poco serias sobre la persona que tiene la misma. Un buen ejemplo es una historia contada sobre Beethoven. Un día, después que el gran compositor – que era también un virtuoso – había tocado un concierto, una mujer fue hasta él y le dijo “¡Maestro, usted es un genio! ¡Qué gran premio tocar así!”.

“Madame”, se dice que Beethoven le respondió, “si usted hubiera practicado 12 horas por día por 40 años, como yo hice, usted también podría ser un genio”.

El talento es sólo un medio o un vehículo. La capacidad, el tesón y la competencia son los modos que hacen que las cosas se hagan, y es sólo evolucionando, con transpiración, errores y frustraciones que vemos avanzar a las Empresas de Familia.

¿Es que algunos de ellos se toman tiempo para contarle a sus sucesores lo que ellos saben? ¿Es que alguna vez discuten sus flaquezas, dudas y frustraciones así como también sus fuerzas?

Para triunfar, los herederos deben hacer su propio camino, como lo hicieron sus padres, pero seguramente ayudará saber que hasta el más talentoso tiene algunos malos momentos. Son los reales profesionales de la Empresa los que saben como aceptar aplausos pero con perspectiva.

En resumen, Papá y sus sucesores deberían entender que forman un equipo donde los roles respectivos son enseñar, aprender y hacer. Donde además quede claro que cuando llegue “aquel día, hijo mío” estarán en marcha una serie de planes  que integran el proceso de recambio o incorporación generacional.

En él debemos encontrar 1) el Plan estratégico de la Nueva Etapa. 2) el Plan Organizativo. 3) el Programa de Capacitación y Evolución de los Sucesores. 4) el Proyecto al que Papá se retirará (y no sólo el Proyecto/Empresa del que Papá se retirará) y por último 5) la Fuente de Financiación que asegure el nivel de vida de Papá y Mamá cuando se retiren.

Una gran reputación puede ser útil para obtener laureles del público, pero no tiene lugar en la vida real, donde sólo la honestidad entre todos pueden asegurar el triunfo del equipo. Y trabajar de esta forma requiere una base de realismo y honestidad.

Esta es una lección crucial para los sucesores, pero es una que es difícilmente enseñada.

En las palabras del inmortal Confucio:

 

El genio es como la semilla valiosa, sin preparación y trabajo es sólo comida para pájaros.

2018-12-07T12:45:50-03:00
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